5. Las Iglesias anglicanas

Parte del curso Historia del ecumenismo.

La Iglesia de Inglaterra, precursora del conjunto de Iglesias anglicanas, surge en tiempos de la Reforma, en el siglo XVI. Esta Iglesia, a nivel regional, se vio influenciada muy pronto por la reforma europea; pero, a decir verdad, nace por una cuestión política. A comienzos del siglo XVI la reforma ya se empieza a notar por Inglaterra y, al mismo tiempo, Enrique VIII, rey de Inglaterra, pide al papa que anule su matrimonio para casarse con otra mujer. Como no lo hace, Enrique VIII decide separar su iglesia –es decir, la Iglesia en su territorio– de la Iglesia católica de Roma. Así, Enrique VIII se convierte en cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

El concepto clave para entender la realidad anglicana es el de «vía media». La Iglesia anglicana, a lo largo de toda su historia, se ha ido acercando o alejando –dependiendo de las circunstancias, las regiones y los gobernantes– del protestantismo y del catolicismo. Así, ella misma se considera el camino intermedio entre lo uno y lo otro, tomando lo mejor de ambas partes. Esta proximidad tanto con el catolicismo como con el protestantismo ha provocado que, conforme avanzaron los siglos, y sobre todo recientemente, dentro de la Iglesia anglicana se hayan desarrollado una amplia variedad de teologías, pensamientos y modos de vivir la religión, salvando los puntos fundamentales de la fe.

Para los anglicanos, tradicionalmente, su doctrina no depende de un fundador concreto, sino de los 39 artículos que se escribieron en los tiempos de la separación. Hoy en día, aunque estos artículos no son vinculantes, siguen teniendo una importancia muy grande. A partir de estos artículos, sitúan el centro de la fe en la Biblia, donde aparece todo lo que se necesita para salvarse. De hecho, consideran que, si no aparece ahí o no se deriva de la Biblia, no puede formar parte de la fe. Ahora bien, a diferencia de las Iglesias protestantes vistas hasta ahora, los anglicanos añaden a la Biblia la tradición de los apóstoles y los escritos de los santos Padres. Es decir, la Biblia ya no se interpreta por sí misma, sino que es necesaria la tradición y la razón para poder entender qué quiere Dios de nosotros y qué debemos hacer para salvarnos.

Los anglicanos también se distinguen por tener un culto más o menos unificado. Desde que se separaron de Roma, los anglicanos rezan con el «Libro de oración común», adaptado a cada región, donde aparece todo lo necesario para celebrara la eucaristía, el resto de los sacramentos y la Liturgia de las Horas. En este libro, aunque no aparezca explícitamente, los anglicanos encuentran y meditan toda su fe y creencias.

En cuanto a los sacramentos, los anglicanos tienen los mismos que los católicos, aunque su valor varía mucho según la orientación que cada uno tenga hacia el protestantismo o el catolicismo. En general, se aceptan sobre todo el bautismo y la eucaristía, como sacramentos instituidos por Cristo, y también se da importancia a la penitencia.

En las eucaristías también encontramos cierta variedad; pero, en general, se parecen bastante a las católicas. Ya sea a las actuales o a las anteriores al Concilio vaticano II. Dentro de la eucaristía, hay un consenso general de que Cristo está realmente presente, aunque algunos tienden más hacia una presencia espiritual (cerca al protestantismo) y otros hacia una más parecida a la que creen los católicos. Algo parecido ocurre con la salvación. Mientras que la tendencia general es similar a la católica, en la que se unen la fe, las buenas obras y los sacramentos para salvarse, una parte del anglicanismo tiende a creer, como los protestantes, que solo es necesaria la fe. Como Iglesia, la Iglesia anglicana se considera una, santa, católica y apostólica; al mismo tiempo que reformada. Mantiene una estructura episcopal, igual que los católicos y los ortodoxos, con diáconos, sacerdotes y obispos al frente de cada diócesis. El conjunto de las Iglesias anglicanas, por su parte, no depende de una cabeza común, aunque consideran al obispo de Canterbury como el primero entre todos. Además, tienen distintos encuentros y conferencias para poder mantener una cierta unidad entre todas las Iglesias. La Comunión anglicana, como se suele llamar, se formó en la segunda mitad del siglo XIX, y constituye una de las comuniones más grandes del mundo, junto con los católicos y los ortodoxos.